Los efectos secundarios positivos de ser profesor de ELE - LAE Formacion
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Los efectos secundarios positivos de ser profesor de ELE

Los efectos secundarios positivos de ser profesor de ELE

En el mundo de la docencia de ELE muchos hemos terminado de una forma un tanto inesperada, yo, por ejemplo, soy licenciado en Historia (después he realizado diferentes formaciones profundizando en el mundo de ELE). Con esto quiero decir que a todos nos interesa la lengua, hemos aprendido a apreciar sus matices y a disfrutar enseñando.  Cuando cerramos los libros, apagamos los proyectores y el aire acondicionado, volvemos a ser individuos normales.

Si quieres conocer como nuestro Director de Estudios Javi empezó su trayectoría en el mundo de ELE, echa un viztazo a De Marsella a Madrid: un cambio lleno de optimismo

Bueno, normales, lo que se dice normales… Al elegir esta profesión no te paras a pensar en todas las cosas que vas a aprender dentro y fuera del aula. Tampoco te das cuenta de que las vas a terminar interiorizando de tal manera que ya siempre serán parte de ti.

Mediar y liderar juegos

Antes, una cena con amigos terminaba con una partida de monopoly, trivial, cluedo u otro juego de mesa, pero ahora como profes de ELE tenemos el último juego que hemos comprado en la escuela, o una nueva variante de un juego ya conocido. Llegado el momento, nuestros familiares y amigos dirigen sus miradas hacia nosotros esperando alguna propuesta y no podemos evitar sentir cierta satisfacción. Hemos aprendido a dirigir esas actividades lúdicas pasando de ser un jugador más a organizadores, jueces, presentadores, etc… Para poder gestionar estas actividades aplicamos las mismas técnicas que usamos para gestionar nuestras aulas: “naming”, contacto visual, gestos de bloqueos. Por ejemplo, si quieres que hable tu sobrino, y no tu cuñado, dices el nombre de tu sobrino y solo le miras a él mientras extiendes tu mano derecha con la palma hacia abajo en dirección a tu cuñado que no para de querer responder a la pregunta.

Pero no bloqueamos solo cuando jugamos a algo, cuando estamos en un debate sobre cualquier tema, seguimos aplicando estas técnicas, hacemos gestos involuntarios con las manos dando paso a otras opiniones o distribuyendo el turno de palabra, ya es parte de nuestro lenguaje corporal y no vamos a dejar de hacerlo solo porque estemos en un marco espacial diferente a nuestra clase. No es tan fácil.

Madurez

Personalmente me considero una persona bastante activa, incluso un poco nerviosa, de hecho cuando era niño era un auténtico terremoto. Todo ese caudal de energía se traducía en impaciencia, en un “lo quiero y lo quiero ya”. Muchos de mis viejos amigos siguen viendo en mi a ese niño curioso y difícilmente controlable pero ahora me dicen “Te veo más maduro”, a lo que siempre les respondo “Sí, bueno, pero es que además soy profe de ELE. Enseñar el presente de subjuntivo a un grupo de adolescentes que están en Madrid de viaje de fin de curso te enseña a ser paciente”.

Ser comprensivo y acogedor con extranjeros

Otro punto candente de la vida fuera del aula del profesor de ELE es cuando se encuentra con extranjeros peculiares para él, aquellos que no son sus alumnos. Tal vez el amigo de un amigo que ha venido de visita o una persona que conoces en un bar un día normal, etc… Cuando se da esta situación ocurren diferentes procesos mentales en nuestra cabeza: el primero es hacernos una serie de preguntas ¿de dónde es? ¿Conozco a alguien de ese país? ¿Qué nivel de español tendrá? ¿Sé decir algo en su idioma? (y si lo sé, lo digo, seguro que así se siente más integrado en el grupo, especialmente si no habla mucho español). Es decir, la primera reacción es ser comprensivos y acogedores, todo corazón vaya. La segunda es diferente, no por ello es negativa pero para mí es un poco incómoda a veces: la corrección de errores. Si la persona tiene mucho nivel y comete algún error básico el profesor detectará automáticamente el error, pensará en cómo podría corregir ese error, cómo hacerlo sin ofender a la persona y cuál sería la pregunta de comprobación de concepto. Todo este proceso mental mecánico e inconsciente debe ser contenido para no resultar agresivo o prepotente hacia la persona que acabamos de conocer. Es así como nuestro autocontrol aumenta hasta límites insospechados por nosotros mismos.

Ser un estudiante excelente

Un caso diferente en el que nos encontramos con no nativos fuera de nuestros dominios docentes es precisamente con otros docentes, quiero decir, cuando nos apuntamos a clases de idiomas. Es una situación súper interesante ya que, por un par de horas a la semana, pasamos al lado opuesto de la mesa. Por un lado nos gusta aprender y en clase vamos a ayudar al profesor todo lo que podamos: vamos ser los primeros en dar un paso al frente y presentarnos voluntarios para lo que sea, vamos a seguir las instrucciones al pie de la letra, vamos poner todo de nuestra parte para que haya un buen clima de aprendizaje, trabajaremos en grupo o en pareja siempre con una sonrisa, ayudaremos a explicar conceptos a otros estudiantes con paciencia infinita, etc… Si estamos motivados con las clases nos entregaremos en cuerpo y alma a ellas. Pero, ¿y si no nos gusta la organización de la clase o vemos que no se están aplicando las técnicas de forma correcta? Es un punto delicado, hay algunos profesores que se crispan y empiezan a desmotivarse por esta causa hasta abandonar las clases, sin embargo la solución más fácil es cambiar de profesor y buscar aquel que se adapte más a nuestro estilo de aprendizaje. Con eso y con todo, cuando vemos a otro profesor trabajar aprendemos el doble que otros estudiantes porque además de aprender contenido lingüístico tomamos nota mental de una actividad que nos ha gustado, una dinámica que nos era desconocida o un vídeo que se puede utilizar también para ELE.

Curiosidad por otras culturas

La idea de aprender otros idiomas nuevos es algo muy de profesores de ELE, todos hablamos mínimo un idioma más a parte del español y una gran mayoría también nos defendemos en otro. Nuestro trabajo nos pone en contacto con el mundo sin movernos de nuestra ciudad, yo siempre digo a mis amistades “Yo puedo  viajar sin salir de mi clase, mis estudiantes me traen su cultura cada día”, y eso nos genera muchísima curiosidad por conocer sus países, tanto los lejanos tipo Australia o Japón, como los cercanos que conocemos solo de pasada o ni eso como Portugal o Marruecos.

Formación continua

No solo nos formamos aprendiendo idiomas, vamos a los congresos y encuentros, talleres y seminarios, leemos y escribimos artículos cuando tenemos una tarde sin clases particulares, vemos entrevistas a pedagogos y neurólogos en Youtube, escuchamos podcast y tuiteamos cosas relacionadas con lo que aprendemos, usamos las redes sociales para seguir aprendiendo en grupo, creamos y compartimos actividades llenas de creatividad en Facebook o en blogs. Desarrollamos nuestra competencia digital en relación a la enseñanza, ¿y es que eso no lo vamos a aplicar más tarde en nuestra vida cotidiana? Todo esto lo hacemos porque de verdad nos gusta aprender a ser mejores profesores sin pensar en las repercusiones que tendrá en nuestro día a día. Lo hacemos simplemente porque no nos conformamos con cualquier cosa  y todo lo que aprendamos nos parece poco.

Somos un gremio particular y ecléctico, con nuestra terminología, con nuestras bromas, con nuestras modas e incluso nuestras propias biblias.  La cuestión es que después de todo, dirigimos la mirada hacia fuera del aula y nos encontramos con un espejo, somos quienes somos dando clase o no, igual que podemos aplicar mucho de lo que hemos aprendido previamente a la docencia del español (la Historia, el Arte, la Filosofía, el trato al público, nuestras experiencias como aprendientes, etc…), lo que aprendemos impartiendo clase de ELE nos acompaña durante toda la jornada, empieza pegándose a nosotros como un chicle y termina siendo parte de nosotros como un lunar.

Si te identificas ya con estas aptitudes y quieres unirte a nuestro club, echa un vistazo a como te puedes convertir en profesor de ELE aquí.